Los pies de la memoria (real o inventada)

A, 15 de abril: La Tierra antes de la existencia del ser humano.
B, 22 de abril: La Tierra después del ser humano.
A, 29 de abril: Rosas de piedra.
B, 6 de mayo: El don de la ignorancia.
A, 13 de mayo: Perdidos en un cuento.
B, 20 de mayo: Los lunes.
A, 27 de mayo: Llegas tarde a tu tiempo.
B, 3 de junio: Nunca estuve aquí.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Anhelo del pasado

Querer regresar al pasado y no poder, querer rectificar aquello en lo que un día me confundí, querer volver a ese lugar tan sólo para encontrarme con aquella persona que tanto me enseñó y de la que tanto aprendí, poder abrazarla y sentirla cerca de mí; volver a ser niña, volver a jugar horas y horas en aquella pequeña manta tirada en el suelo con esa muñeca que no sabía cómo vestir, volver a pelearme con las tablas de multiplicar....en fin, volver al pasado es uno de mis mayores anhelos en los momentos en los que me siento acabada, sin ganas de salir a delante y sin fuerzas para superar el día a día, incluso, cuando mi vida se halla en su máximo esplendor, deseo y sueño con regresar, por un tiempo, al pasado.


Hay tantos momentos que me gustaría repetir que me resulta difícil decantarme por alguno. Dónde más recuerdo mi pasado y el de mi familia es en las miles de fotografías que inundan enormes álbumes; en ese simple vistazo hacia cada una de ellas, siento alegría por recordar el momento exacto y el lugar en el que me hallaba pero, a su vez, tristeza y rabia por olvidar y no recordar todos y cada uno de los detalles que en su día me hicieron feliz.
Una tarde de invierno oscura, lluviosa, sin nada que hacer, decidimos mi madre y yo ponernos a ver fotos. Las había de todos los tamaños, grandes y pequeñas, anchas y estrechas, en blanco y negro y en color, e incluso las había que no se podían reconocer bien lo que en ellas salía; imágenes antiguas sin duda pero llenas de recuerdos en especial para mi madre. Mi madre nació en Francia y con tan sólo 3 añitos tuvo que abandonar el extranjero por motivos económicos de aquella época, en la que las condiciones no eran muy favorables. Sin duda, la costaba recordar momentos y experiencias vividas allí que se plasmaban en esas fotografías. Me sorprendía cómo recordaba el nombre de casi todos los niños de su clase; además, puesto que las fotos eran en blanco y negro, recordaba muchos de los colores de aquellas ropas. Una infancia muy distinta de la mía y la cual yo no conocía hasta el momento.

En un instante de silencio, al ver una foto suya llorando desconsoladamente en la esquina de una pequeña habitación, se ríe al acordarse de que ahí la había castigado el profesor de matemáticas, un chico jóven, simpático pero a su vez excéntrico, según ella. En las fotos que salíamos las dos juntas, rebosábamos las dos de ganas por transladarnos otra vez a ellas: qué momentos, qué experiencias tan inolvidables. Amigos que conoces en un lugar y de los que luego pierdes el contacto, de los que no sabes nada, nos llenaban de melancolía; sin embargo pasamos muchos momentos de risas mientras veíamos mis fotos; pues mi madre me contaba las travesurillas que hacía cuando era pequeña, (de las que yo ni me acuerdo): cuando venía el ratoncito Pérez y me acostaba temprano, la noche de Reyes en la que no paré de llorar porque me daba miedo de que el camello entrara en mi casa y aparecía llorando cogida en los brazos de Melchor...;y, ahora, todas esas ilusiones cambian a medida que pasa el tiempo. Puesto que al pasado no se puede volver, es mejor disfrutar cada momento al máximo, sacar lo bueno y lo malo y aprender de todos ellos; cada momento es único y puede que no se vuelva a repetir.

1 comentario:

J. A. Sainz dijo...

Precioso texto. Cada vez, mejor.