Miré a mi alrededor en cuanto desperté. Estaba en el suelo, me dolía todo, y la sala estaba sumida en la oscuridad. Cuando mis ojos se acostumbraron a la penumbra vi una pequeña mesa de noche sobre la que reposaba un reloj luminoso. Presioné una tecla y comprobé que pasaban las seis de la madrugada del 29 de Febrero. Sonreí hacia mis adentros. Al menos, sólo tendrán que recordar el día de mi muerte cada cuatro años, pensé.
No quise levantarme del suelo, así que gateé hasta la puerta e intenté abrirla, con éxito para mi sorpresa. Escuché unas voces que venían de la planta de abajo, y pude ver cómo las primeras luces del día se filtraban por los ventanales del pasillo. Recorrí de puntillas el espacio que me separaba de esas voces. Aun sabiendo que nada podría salvarme, quise conservar las horas que me quedaban, y necesitaba discrección.
-Saldremos en una hora -susurró una voz femenina.
-No, ahora... ahora, por favor. Vámonos -aquella voz sonaba sollozando, al borde del llanto.
-Está bien, trae tus cosas. En cuanto haya recogido, ¿vale? -la mujer terminó su frase en un suspiro cansado.
-Bien, bien...
Unos pasos torpes se acercaron hasta el lugar donde yo me hallaba. La voz sollozante pertenecía a un joven de unos veinte años que jugaba de forma nerviosa con su pelo, y hablaba para sí mismo. Paró dos metros delante de mí, y por un segundo pensé que me había visto, pero era imposible. Mi escondite detrás de aquel armario era infalible. El joven se balanceaba al tiempo q chasqueaba los dedos, susurró y continuó su camino. Pensé que padecía algún tipo de autismo, y recordé lo que me habían contado de aquella familia, así que debía ser Dorian. Continué mi camino y frené antes de llegar a la sala donde había oído las voces. La misma que había susurrado cuando yo espiaba sonó fuerte y clara en mi espalda, sobresaltándome.
-Pensé que el sedante duraría, como mínimo, hasta el amanecer -dijo. Yo no respondí.
Pasaron varios segundos hasta que la mujer supo interpretar mi silencio.
-Mira, yo me tengo que ir, y me ordenaron que te entregara de forma fácil. Despierta no me parece que sea fácil matarte, ¿no crees? Y tienes que estar viva para que ellos te maten, así que me acabas de estropear el plan.
Mientras ella hablaba, tomé un jarrón, y cuando terminó su discursito, lo estallé en su cabeza. Cuando cayó al suelo, me pareció muchísimo menos amenazadora. No sabía qué hacer entonces. Había asumido que estaba perdida, sin escapatoria. Pero ahora.. nada me retenía. Volví hacia mi escondite en el armario y encontré al joven autista, mirándome. Llevaba una maleta en la mano, y me la tendió.
-Nunca... nunca estuve aquí -tartamudeó. Dorian me inspiraba una infinita confianza, no sabría decir el motivo.
-¿Qué? Dorian, ¿qué has dicho?
Él me señaló, indicando que cogiera la maleta. Sin dejar de chasquear los dedos, se señaló a sí mismo y lo repitió: "nunca estuve aquí". Acto seguido me señaló a mí.
-Nunca estuviste aquí -repetí. Él negó, y entonces lo comprendí. Era mi salvación -Yo nunca estuve aquí. Yo no he estado aquí.
Asintió, satisfecho. Se acercó a la figura que se hallaba tendida en el suelo y se sentó a su lado, balanceándose. Tomó entre sus manos los cristales del jarrón, y vi cómo se le clavaban mientras yo salía por la puerta trasera. Aquel muchacho sabía mucho más de lo que nadie imaginaba, y yo le debía mi vida.
Cuando me alejaba por la carretera también pude ver un camión negro. El transporte de los que iban a ser mis asesinos.
viernes, 12 de junio de 2009
DEMASIADO TARDE

Me siento torpe, como si corriera sobre arena mojada. Soy incapaz de mantener el equilibrio sobre el cemento. Tropiezo varias veces, y en una ocasión casi me caigo. Tengo varios rasguños en las manos de apoyarme en la acera para amortiguar la caída. Me levanto corro otros pocos metros y me tambaleo para volver a caerme. Pero no puedo rendirme solo dos calles mas y entonces...
Sigo corriendo, jadeando, con el rostro empapado de sudor, ya no siento las piernas, el sol me quema la piel, me siento vulnerable.
Por fin doblo la última esquina justo a tiempo para ver desaparecer el autobús al final de la calle. El mundo se viene abajo. Ya nada importa, ya todo da igual, todo es inútil, todo ha acabado...
No puede haber acabado. ¿Cómo he podido permitir que pasara ésto? ¿Por qué no me di cuenta antes? Pero ya da igual, la única razón de mi existencia se aleja más y más a cada segundo que pasa... ¡He fallado y ya no hay nada que pueda hacer para evitarlo! Es demasiado tarde.
Noto como mis ultimas fuerzas me abandonan, la calle se desdibuja a mi alrededor. Me estoy hundiendo poco a poco en el océano de dolor que una vez fue mi mente, mi conciencia, mi corazón... pero ya no saldré a la superficie............
Llegas tarde a tu tiempo...
¿Cuántas veces no hemos querido retroceder en el tiempo y rectificar?Puf.....muchísimas ¿verdad?...quizás deberían inventar una máquina del tiempo a nuestra disposición y poderla utilizar en los momentos más trágicos.
Decisiones absurdas, equivocadas, fuera de contexto...situaciones embarazosas...¿os imagináis poder prescindir de todo esto? sería genial pero claro...puede que perfecto y lamento deciros que el mundo no está hecho para la perfección.
Principalmente porque nosotros, los humanos, no lo somos y nunca llegaremos a serlo, además, el equivocarse ayuda a mejorar y a cuidar pequeños detalles, a madurar y formarte como persona, pero lo que sí es cierto es que a veces la experiencia es dura y cruel.
Pensad en las veces que os habréis dicho a vosotros mismos :"si pudiera retroceder..." al oír: "demasiado tarde; lo hubieras pensado antes"...¡¡¡Pero por Dios!!! que todos somos humanos y tenemos el derecho a equivocarnos.¡Cuánta injusticia repartida por el mundo! jajaja...es triste pero es así; el ser humano está destinado a los reproches y a la equivocación.¿Puede que evoluciones hacia la perfección?Lo dudo...

¿PREPARADO PARA RECTIFICAR?
jueves, 11 de junio de 2009
¿ÉSTE ES NUESTRO FUTURO?


No puedo respirar. ¿Qué pasa? ¿Por qué hace tanto calor? ¿Qué es esto? Abro los ojos y me encuentro en un lugar extraño, desconocido, inhóspito. ¿Qué hago aquí? Yo no debería estar en este desierto rojizo. No es aquí donde me han enviado. ¿Dónde esta mi ciudad?, ¿donde están las nubes?, ¿dónde están los seres humanos?
Mire a donde mire me encuentro mas que arena rojiza, escombros, polvo, soledad y la desagradable e insoportable sensación de que el aire desaparece antes de llegar a mis pulmones. Miro al cielo y suelto un grito ahogado, pero este se rompe antes de poder salir de mi boca. ¿Dónde esta el cielo que yo conocía? El firmamento que supuestamente debía ser azul es de un color amarillo anaranjado y se distinguen algunas estrellas; pero lo que más destaca es una enorme esfera roja en el cielo. ¿Es posible que sea el Sol? ¿es posible que este sea el planeta Tierra en el que crecí?
Mi pecho me duele, mis pulmones duelen, mi piel arde como si se encontrara sobre una parrilla. Por favor que esto pare, ya no puedo pensar, ya solo espero, quiero, deseo, ruego que esta tortura acabe. Quiero morir, morir lo antes posible. Ya no recuerdo quien soy, pero que por favor alguien ponga fin a ésto.
Por fin despierto en mi cápsula de teleportación. Fuera se oyen gritos, exclamaciones, hay un gran alboroto. Por fin se abre la puerta y puedo salir para tratar de huir de la pesadilla que acabo de vivir. Pero fuera me encuentro a todos los compañeros de mi equipo mirándome con expectación. Me formulan preguntas como ¿qué has visto?, ¿cómo era?, ¿a quien has visto? ¿has hablado con alguien? Pero ignorándoles salgo del laboratorio con mirada ausente ignorando los numerosos interrogantes de mis compañeros. Lo único que puedo pensar es: si es esto lo que nos espera, más nos vale que haya otra vida después de ésta.
...Los lunes...
Es domingo por la tarde y ya veo como se pasa sobre mi cabeza el nubarròn del aburrimiento y el mal humor.La tormenta del lunes se acerca en el horizonte y no hay escapatoria.
Entonces se apodera de mi el estrès y empiezo a organizar torpemente la larga lista de actividades que me esperan.Los lunes son desconcertantes,la mente no trabaja al mismo ritmo que cualquier otro dìa y sin embargo suele ser justamente el lunes cuando tienes que hacer ese examen tan importente ò tienes que entregar algùn trabajo.El problema es que durante el fin de semana te has olvidado por completo y de repente, en cuanto pones los pies en el pasillo del instituto, la mente recupera la lucidez y te envìa toneladas de datos, que suelen ser sobretodo las cosas que deberìas haber hecho y claramente, se han quedado sin hacer.
Debe ser que los lunes y nuestra mente estàn confabulados para torturarnos sin compasiòn.
¡¡Odioso dìa que es el lunes!!! pasa lento como un caracol, es como si el tiempo se fuera a quedar parado en esa seis horribles horas de instituto....
Menos mal que todo cambia cuando llega el verano, que es el ùnico que pone en su sitio a los lunes y los iguala al resto de los dìas de la semana.Durante este corto perìodo de tiempo pierde su poder amenazante y nos dà una tregua.
Entonces se apodera de mi el estrès y empiezo a organizar torpemente la larga lista de actividades que me esperan.Los lunes son desconcertantes,la mente no trabaja al mismo ritmo que cualquier otro dìa y sin embargo suele ser justamente el lunes cuando tienes que hacer ese examen tan importente ò tienes que entregar algùn trabajo.El problema es que durante el fin de semana te has olvidado por completo y de repente, en cuanto pones los pies en el pasillo del instituto, la mente recupera la lucidez y te envìa toneladas de datos, que suelen ser sobretodo las cosas que deberìas haber hecho y claramente, se han quedado sin hacer.
Debe ser que los lunes y nuestra mente estàn confabulados para torturarnos sin compasiòn.
¡¡Odioso dìa que es el lunes!!! pasa lento como un caracol, es como si el tiempo se fuera a quedar parado en esa seis horribles horas de instituto....
Menos mal que todo cambia cuando llega el verano, que es el ùnico que pone en su sitio a los lunes y los iguala al resto de los dìas de la semana.Durante este corto perìodo de tiempo pierde su poder amenazante y nos dà una tregua.
miércoles, 10 de junio de 2009
La triste realidad
Me arrastro vagamente por las calles en busca de algo que llevarme a la boca, cualquier cosa. Yo antes no era así, un ``despojo social´´ como algunos me llaman. Mi día a día transcurre ajeno a la sociedad, ajeno al mundo. La gente me dedica miradas que se mezclan entre pena y pasividad, falsas miradas. Todos los días sufro una extraña sensación de soledad porque a pesar de estar rodeado de gente, me siento extremadamente distante a ellos. A mi mente acuden recuerdos que irrumpen en la oscuridad de mi subconsciente, mi familia si se le puede llamar así ocupa gran parte de ellos. Todavía recuerdo el día de mi transformación, el día en el que el mundo me dio la espalda. Tras despedirme de mi trabajo llegué a casa y mantuve una discusión con mi pareja y me echó de casa. Me dirijo a donde siempre, pero esta vez con una razón diferente; tumbado en la vía del tren intento poner fin a mi sufrimiento, un sufrimiento inadvertido porque para todo el mundo yo nunca estuve aquí...
martes, 9 de junio de 2009
¿QUIÉN NO TEME A UN LUNES?


"¿Quién no teme a un lunes? El que no teme a un lunes no teme a Dios"; eso decía mi bisabuelo allá por 1930. Hoy en el siglo XXI muchos ya no temen a Dios, pero seguimos temiendo a los lunes.
Esa es una realidad de la que nadie escapa. Después de una semana entera de trabajo, estudios y esfuerzo, cuando ya llega el fin de semana y crees que ya no puedes más, siempre tiene que volver el lunes. Después del domingo siempre viene el lunes. Una semana se acaba para dar paso a otra, y a otra, y a otra... Nunca se acaba, por mucho que nos esforcemos jamás podremos escapar de este circulo vicioso que son las semanas.
¿Cómo pueden llegar a cundir tanto? Si lo piensas solo son más y más secuencias de siete días, pero siempre lo mismo, siempre se repiten. Ésto es como una serpiente que se muerde su propia cola; por algo sera éste el símbolo de infinito.
Que razón tenia mi bisabuelo. Seguro que Dios, por muy poderoso que sea, tampoco puede escapar del interminable ciclo de las semanas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)